···Dudas Existenciales···

exposición de mis miedos, traumas de estos mis días de existencialismo barato.

ANTES QUE NADA VALE LA PENA ACLARAR QUE EL SIGUIENTE TEXTO LO ESCRIBÍ Y PUBLIQUÉ EN OTRO BLOG HACE YA 6 AÑOS. EN ESE TIEMPO HAN PASADO TANTAS COSAS A NIVEL MUNDIAL Y PERSONAL, AHORA POSEO MÁS CONOCIMIENTOS Y RECONOZCO ERRORES ORTOGRÁFICOS Y DE REDACCIÓN EN EL MISMO, NO OBSTANTE DECIDO TRANSCRIBIRLO TAL CUAL, ÍNTEGRO COMO AQUELLA PRIMERA VEZ PORQUE EN EL FONDO MIS IDEALES DE JUVENTUD SE MANTIENEN INTACTOS. AÚN ESTOY EN CONTRA DEL USO DE ENERGÍA NUCLEAR Y NI SE DIGA DE LA FABRICACIÓN DE ARMAS, PERO DE ESO NO TRATA EL SIGUIENTE TEXTO, ES MÁS UNA REFLEXIÓN QUE APUNTA HACIA LA EMPATÍA... SIN MÁS PREÁMBULO, HE AQUÍ EL RELATO:

Imagina por un momento que estas en el año de 1945, son las 8:00 AM y te encuentras trabajando en una oficina postal. Desde la ventana observas a los niños que fueron seleccionados como brigadistas, van cargando los maderos de casas desmanteladas, saben que en caso de un ataque aéreo las casas tradicionales son lo primero en incendiarse por lo que las desmantelan y llevan a sus habitantes a los albergues.

8:05, te preguntas si tu única hermana es uno de esos niños que corren presurosos después de sonar las alarmas, intentas volver a tu trabajo, la alarma ha cesado y no has recibido aviso de abandonar las instalaciones.

8:15, ves un resplandor que té ciega, como si el tiempo dejara de transcurrir, como si los segundos dejaran de avanzar tu reacción es de instinto, te arrojas debajo del escritorio mientras un zumbido acompaña una lluvia de vidrios y demás proyectiles. Sientes como la temperatura se eleva, piensas que tu cuerpo va a estallar junto a esa luz naranja-amarillenta que se adueña de todo… después… pierdes el conocimiento…

Minutos después te levantarás sólo para ver cómo se ha detenido el tiempo, lo que queda de tu viejo reloj sigue marcando las 8:15 y todo a tu alrededor yace destruido, del escritorio que te ocultó sólo ha quedado un recuerdo, una sombra semejante al carbón habita en la única pared del edificio que parece haber quedado en pie. Como puedes te levantas, ya no miras lo que te rodea, sumida en un trance en lo único en que puedes pensar es en ir a casa… avanzas algunos metros, ves bestias carbonizadas, algunas con las vísceras expuestas, otras arrastrándose hacia donde estás tú… pero tu estas asustada(o), como puedes te zafas de sus garras, pateas algunos restos y huyes de ahí.

En las calles nada es diferente, grotescas criaturas se arrastran entre ruinas, todas gritando al unísono, clamando por agua… ¡agua! ¡Agua!… y sientes como tú también tienes sed, te mueres por un poco de ella y caminas hacia donde todos: al puente, en donde hay gente arrojándose al río, saciando su sed… flotando sin vida… Pesadas gotas negras caen sobre todos esos desdichados que abren sus bocas para tomarla, su sed es infinita, más que las quemaduras, más que las heridas, es esa sed la que parece arrebatarles la vida…

Seguirás de largo por el puente incólume, sabes que del otro lado, junto a un enorme árbol reposa tu casa… bajas una pequeña colina, tu madre impávida en el marco de lo que fue una puerta te mira. Quisieras correr, pero no te quedan fuerzas… llegas hasta donde ella, intentas abrazarla, pero te das cuenta de que además de su rostro, tiene toda la espalda quemada, de una forma indescriptible… Intentaran ir al hospital pero este fue destruido por completo, como casi toda la ciudad; algunos camiones de militares pasan recogiendo gente, tu madre y tu suben a uno de esos camiones, ayudas como puedes a subir a más personas, vivos o muertos en un mismo camión, la diferencia no es mucha entre ambas condiciones…

Llegando a la base militar intentas conseguir ayuda para tu madre, caminas entre cuerpos tirados, quejidos por todos lados, te unes a los gritos tratando de encontrar a un médico, a uno solo que se haya podido salvar… entonces, alguien parece haber reconocido tu voz y te llama… es tu hermana quien te habla, pero su voz es tan débil que no sabes de donde proviene, sientes que te halan del pie y descubres que uno de esas “bestias” de las que huiste se trata de tu hermanita, completamente carbonizada continua con vida… quieres llorar pero tus lagrimas parecen haberse apagado, la abrazas… ella intenta decir una vez más tu nombre pero de su boca sólo se emite un suave quejido… luego nada.

Meses después, estando en un hospital de otra región, recibirás la chaqueta de tu padre, lo único que encontraron de él después de la explosión… has escuchado a las enfermeras hablar de que se trató de un arma nueva inventada por EUA: “La Bomba Atómica”, fueron dos las bombas aventadas, la otra fue en Nagasaki. La que cayó en Hiroshima a algún simpático se le ocurrió llamarla “Little Boy”, la destrucción fue tal que se dio por terminada la Guerra. Sí, tu emperador, la deidad hecha hombre al que le rendían tributo no tuvo más opción que aceptar que habían perdido. Se rindió ante aquel país americano y fue la primera vez que lo vieron vulnerable, como lo que era realmente: un hombre y no un Dios…

Llegas a la habitación de tu madre y la encuentras llorando, parece ser que mientras se peinaba se le cayó todo el cabello, desde la raíz su hermoso cabello había desaparecido, después, perdió todos los dientes… de los sobrevivientes (Hibakushas) poco se pudo hacer, iban muriendo al tiempo, algunos desarrollaban terribles deformidades, canceres, tumores, desatando el miedo entre el gremio médico por el desconocimiento absoluto de los efectos de la bomba y de la radiación, aún los que no estuvieron al momento de la explosión murieron, militares, médicos… gente buena que ayudo a salvar vidas fueron muriendo con los años.

Intentaste rehacer tu vida, pero el pánico se había expandido, pronto te quedaste sin familiares que pudieran atender tus llamadas. Después de años de tratamientos decidiste deshacerte de los vendajes que te habían acompañado… te viste en el espejo: tu belleza se había ido, así como tu ojo derecho ahora quedaba un hueco del tamaño de tu puño en su ausencia… hubo quienes te dijeron que el kimono blanco que llevabas ese fatídico día fue el motivo por el cual salvaste tu vida.

- Mi madre llevaba un kimono negro, quizás por eso murió. Dijiste irónicamente a algunas personas durante el sepelio.

Ahora no sabes que hubiera sido mejor: haber traído un kimono blanco y ponerte bajo el escritorio, o haberte quedado en casa con tu madre y la bata de dormir puesta… y descansar.

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